El regreso a clases: Lo desconocido de un viejo conocido.

La crisis de COVID-19 nos ha colocado en un crisol de situaciones. Para quienes laboramos en el ambiente educativo ha sido un cambio vertiginoso que no ha estado exento de nuevos aprendizajes, frustraciones y áreas de oportunidad. El implementar clases en línea nos guardó en la casa, la cámara se convirtió en una ventana abierta directo a las recámaras, salas, comedores y cocinas del alumnado y profesores; escuchamos nuevos ecosistemas sonoros con hermanitos, licuadoras, automóviles, la campana de la basura o el clásico “se compran colchones….”. El mundo académico se llenó de tecnicismos, compartimos pantalla, utilizamos plataformas, juegos en línea, entendimos de la demora del sonido y nuestros temores de una cámara en falso o de un corte de energía se volvieron latentes durante las evaluaciones. Estos tiempos han estado llenos de aprendizajes y reacomodos: cambios de estrategias, actividades lúdicas, herramientas nuevas, capacitación constante.

Hace ya más de un año que nos adentramos en el mundo de la era digital y los profesores -desde los más jóvenes hasta los más veteranos- nos sentamos frente al computador, revolucionados por la tecnología. Hace años, nos parecían curiosos los textos del Decamerón de Boccaccio enrolados en un estoicismo que no dista mucho de nuestra labor actual en las redes sociales, jugando al candy-crush, compartiendo memes o haciendo tik-toksnuestros pequeños “gozos” durante una pandemia. Hoy tenemos la noción  de ello y a su vez, el entendimiento de que una época genera múltiples visiones y posturas en medio de un contexto globalizado con cargas altermundistas y situaciones que continúan con la cotidianeidad.

Aprendimos (o nos resignamos) poco a poco el camino de la educación virtual a tal grado que han surgido voces que llaman a un modelo híbrido no para un regreso progresivo, sino para una transformación educativa sustanciosa. Recientemente se ha anunciado la apertura de las escuelas en algunos Estados de la República ¿Deberíamos tomar alguna postura a favor o en contra? En realidad el hecho es más complejo de lo que parece: algunos fuimos beneficiados con plataformas y capacitaciones, pero hay que entender que en nuestro diverso contexto hay voces que colocan posturas bastante argumentadas. 

Mario Rangel es un maestro de música de una escuela pública de la comunidad de Atlacholoaya, la vez que le pregunté si considera necesaria la vuelta a los colegios, me contestó con un rotundo: “Sí” Y prosiguió: “Los alumnos no tienen acceso a internet y muchos ni siquiera a la televisión.” La labor de educar a la distancia se ha vuelto titánica, acudiendo a casas, tocando puertas, esperando abonar a la labor que otrora se presentaba, si no bien idónea, al menos favorable. 

La SEP ha anunciado que para el regreso será necesario la Instalación de Comités Participativos de Salud Escolar que apoyen garantizando el acceso a agua y jabón, gel, cuidado a las maestras y maestros en grupos de riesgo, el uso de cubrebocas obligatorio, sana distancia, detección temprana de casos de COVID-19 y apoyo social y emocional para maestros y estudiantes. Sin duda será un proceso lento y complejo, lleno de aprendizajes y resignificaciones, habrá quienes podrán lograrlo en menor tiempo, otros con mayores dificultades, pero a fin de cuentas la educación como un sistema de mejora en las condiciones y desarrollo humano sigue siendo una promesa a la que nos continuamos abrazando.

Regresar a las aulas nos genera expectativa, pero también nos la generó el entrar a un sistema en línea, desde esta perspectiva parece que hemos resultado adaptables a cada una de las situaciones que se han presentado, desde adentrarnos al mundo digital, hasta entender una pandemia. Las instituciones educativas deberán apegarse a estrictas reglamentaciones, sin embargo, será una prueba de fuego y oportunidad para escuchar múltiples voces. Plantearnos realmente: ¿Deberían regresar los niveles medio superior y superior? ¿Los niños deberían tener mayores cuidados y restricciones? La participación de la comunidad educativa será clave para generar medidas adecuadas y un funcionamiento factible.

Ojalá que después de esta crisis podamos tener un replanteamiento de nuestro sistema educativo y las herramientas que pueden estar a nuestro alcance, ya que en la mayoría de los casos las desconocemos. Lo desconocido nos genera dudas, aunque quizás nos encontremos con un viejo conocido que nos pone algunas restricciones a las cuales nos acostumbraremos a la vuelta de la esquina. 

 

Omar Martínez Morales

Es músico e historiador. Docente de ciencias sociales en el Colegio Morelos de Cuernavaca.

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